miércoles, 30 de septiembre de 2009

Perjuicios de una asamblea

Corría el año de 1933. En Veracruz se celebraba el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos. La finalidad principal del congreso: sentar las bases del reconocimiento y la revalidación de estudios entre las escuelas y las universidades del país. Como sucedería en asambleas posteriores, los esfuerzos por dignificar la academia fueron dejados de lado por la demagogia de los profesionales de la grilla, y en aquel 1933 los infiltrados del oficialismo impusieron su voz en la asamblea: “siendo el problema de la producción y la distribución de la riqueza material el más importante de los problemas de nuestra época, y dependiendo su resolución eficaz de la transformación del régimen social que le ha dado origen, las universidades y los intelectuales de tipo universitario de la nación mexicana contribuirán, por medio de la orientación de sus cátedras en el terreno estrictamente científico, a la sustitución del régimen capitalista, por un sistema que socialice los instrumentos y los medios de producción”. Acto seguido, se declararon grandes vencedores, se ufanaron del establecimiento de las verdades marxistas, y quizás hasta se mofaron de los organizadores originales y les pidieron llorar. En reacción directa un numeroso grupo de profesores y estudiantes universitarios iniciaron un levantamiento contra la disposición del congreso y a favor de la libertad de cátedra. Así iniciaba el primer conflicto universitario tras la concesión de la autonomía. Izquierdas y derechas, parapetadas en la universidad, movieron sus fichas en el tablero político, usaron a los universitarios como peones. Mientras, los grupos estudiantiles, manipulados y envalentonados, actuaban al margen de la ley y se justificaban tontamente en la autonomía que les había sido otorgada. Manipulación por todos lados. Para acabar la contienda, los grupos políticos sacrificaron al rector en turno. El gobierno, por su parte, respondía con la Ley del 21 de octubre de 1933, negando el carácter nacional a la universidad, estableciendo la permanencia de los órganos de gobierno definidos por la ley del 29 y fijando claramente el patrimonio universitario. Así, la universidad ejercería su autonomía dejada únicamente a su suerte. Más tarde se redujo el fondo monetario destinado a la universidad, se le retiró la potestad sobre la educación secundaria y se le relegó como beneficiaria de la sociedad, apoyando al recién creado Instituto Politécnico Nacional. La universidad, reducida a la inanidad, sobrevivió por el certero liderazgo de su rector -que evidentemente hace falta en una situación así-. La universidad sufrió su primera afrenta tras la autonomía por la manipulación política de sus miembros, porque los políticos de derechas e izquierdas tomaron a la universidad como terreno para su acción, porque de una u otra forma los universitarios prefirieron dejar de lado el estudio y enfilarse a la revolución del tinte ideológico de su preferencia. La revolución silenció al espíritu.

martes, 29 de septiembre de 2009

Convocatoria: asambleas de Colegios

El día de hoy se han puesto en circulación en la Facultad de Filosofía y Letras varios carteles convocando a la comunidad estudiantil a varias asambleas, una por Colegio.

El llamado es para comenzar la organización efectiva con miras a los próximo foros de discusión en torno al futuro del auditorio Justo Sierra. Mi consejo, si me permiten darlo, es el siguiente: no se desesperen, esto será un proceso largo y no necesariamente debe quedar resuelto en los próximos días. Si pueden asistan, expongan sus argumentos y... ¡buena suerte!

Al momento éstas son las convocatorias que se han lanzado:
  • Por el Colegio de Historia la cita es el miércoles 30 de septiembre a las 14:00 horas en el "Aeropuerto" del 3er piso de la Facultad.

  • Por el Colegio de Literatura Dramática y Teatro la cita es también mañana miércoles 30 de septiembre a las 16:00 horas abajo del puente de la Av. Insurgentes.

  • Por el Colegio de Filosofía la cita es el viernes 2 de octubre a las 12 horas en el "Ágora" de la Facultad. Hay una versión alterna que dice que es el jueves 1º de octubre a las 14:00 horas.

  • Por el Colegio de Geografía el jueves a las 14:00 en el "Aeropuerto" del 3er piso de la Facultad.

  • Por Letras Hispánicas la convocatoria es para el jueves 1º de octubre a las 12:00 en el "Aeropuerto" del 2º piso.

  • Por Bibliotecología la cita es también para el jueves 1º, a las 14:00 en las afueras de la Biblioteca Central.

  • Y por último Pedagogía convoca el jueves 1º a las 10:30 en la fuente a las afueras de la Biblioteca Samuel Ramos.

Hay que considerar que ninguna de las convocatorias declara una postura en favor o en contra de la ocupación, es necesario estar abiertos al diálogo.

COMUNICADO A LOS LECTORES


Comunidad Universitaria:
Con agrado vemos que la causa y objetivos de este blog es la misma consigna de muchos ESTUDIANTES, TRABAJADORES Y ACADÉMICOS de nuestra CASA DE ESTUDIOS.
Los moderadores de este blog solamente queremos recodar a nuestros lectores que NO tenemos ningún interés en provocar agresiones, riñas o disturbios con los OKUPAS. Nuestro camino es el diálogo y por ahí es por donde continuaremos. Gracias.

lunes, 28 de septiembre de 2009

¿En qué consiste la victoria Okupa del Jueves 24? (Deliciosa ironía 2)

Se llenan la boca diciendo que la asamblea del 24 de septiembre fue un fracaso para quienes esperaban ver en esta un avance hacia la liberación del Auditorio Justo Sierra de sus actuales ocupantes. Muy probablemente porque interpretan que quienes buscamos que los espacios de la universidad sean utilizados por los universitarios y para fines de la universidad no hicimos una votación rápida para que gracias a la voz de una asamblea entrara el viernes por la tarde el ejército, la guardia pretoriana o los hombres de negro, o alguna otra entidad de las que se imaginan existen para acosarlos. Sin duda, la evidencia sobre la cual presumen dicho fracaso es que siguen apostados en las inmediaciones que desde hace diez años tienen sumidas en el olvido.
Nadie manifestó jamás que se tratara de promover la entrada represiva de ningún grupo: La asamblea manifestó que es una mayoría la que prefiere el uso que las comunidad universitaria da a sus espacios, o mínimamente que es mentira que todos amen a los okupas como ellos creen.
¿Cómo?, ¿es posible que quienes estudian en la universidad prefieran el uso que sus autoridades facistas dan a sus espacios respecto al generosísimo y maravilloso uso que los okupas hacen del Auditorio Justo Sierra? Sí, exactamente. Lo prefieren por razones sencillas: La Universidad aporta mucho a sus estudiantes y a la nación; los okupas no. Cuando menos ese es el sentir que manifiesta la convocatoria de la asamblea del jueves... Nadie los quería ir a sacar asiéndolos de sus blondas cabelleras, ni nadie ha manifestado al momento tener ese proyecto... Contrario a lo que expresaron en aquel primer correo donde decían que nos tenían ubicados, jamás se ha promovido en este sitio la idea de desalojo violento, intervención ni medida represiva alguna. ¿Por qué? Sencillo, no es nuestro papel; nuestro papel como miembros de la comunidad universitaria es dar voz a inquietudes que, se ha evidenciado, no eran sólamente nuestras: Los universitarios juzgan que el auditorio debe dejar de estar en manos de la ocupación; sus razones tendrá cada quién, lo que aquí subrayo es que la fantasía de los okupas de que todos saben que están haciendo del mundo un lugar mejor ha encontrado evidencia de no ser verdad.

Los okupas se defienden diciendo que organizan ciclos de cine, que estrenarán una obra de teatro, que su foro cultural es el más vivo del barrio... Nadie dijo que no hicieran cosas, todos los días escuchamos sus transmisiones radiofónicas, padecemos su música a desconsiderado volumen y sus interminables discursos, por supuesto que hacen cosas... Lo que decimos es sus actividades no son del interés de todos, y no pueden seguir imponiéndo el uso del auditorio a sus i0ntereses, lo que decimos es que no estamos dispuestos a que ellos sigan siendo la autoridad en el inmueble.

¿Por qué?
Porque aunque las autoridades universitarias, su proceso de elección, sus órganos colegiados, su organización administrativa, sus procesos de evaluación, su profesorado, sus sindicatos, sus procesos de contratación, su personal de cofianza y todo lo que su organización implica es imperfecto, lo reconocemos como preferible, y mejor respecto a lo que la organización Okupa ha desarrollado en sus diez años de éxito usurpando el auditorio Justo Sierra.

Todo en la Universidad es perfectible, sí. El punto aquí es que preferimos su imperfección y trabajar en ella a permitir la imposición de sus ideales de un mundo mejor: Llévenlos a otro lado.

¿Por qué el Auditorio Justo Sierra?
Dicen que si estuviese en manos de las autoridades nada sucedería ahí, sería un recinto esteril... Es mentira, José Saramago hubo de ser recibido en su visita a la Universidad en el Auditorio Alfonso Caso; de haber visitado el Justo Sierra, su nombre estaría junto al de grandes personalidades de la historia que tal vez los okupas no reconocen, como relevantes... pero nosotros sí.

Desde su fundación este foro ha sido objeto de sus vituperios, buen síntoma; Se ha comunicado con nosotros gente con sentido crítico, que probablemente no está de acuerdo con la mitad de las cosas que he escrito hasta aquí, pero que está dispuesta a dialogar y que coincide en que detrás de la ocupación del auditorio Justo Sierra hay cerrazón, y sobre todo, que lo mejor que puede hacer esta es terminar.
Ahora se cierne una amenaza de hackeo, de nuevo una ironía deliciosa... Los defensores de la libertad ya están viendo cómo eliminar nuestro foro, no obstante que muy probablemente sea el único lugar donde sus rabietas y su verborrea sean leídas por miembros de la comunidad universitaria...
Recapitulemos entonces:
1) La asamblea es una evidencia del sentir de una comunidad, es un paso más de varios en un proceso a mediano plazo.
2) Nadie jamás ha utilizado en este foro la palabra "tomar" "desalojar", "lanzar" reprimir... Nadie dentro de sus autores, claro.
Tenemos una pizca de esperanza de que algún día entraran en razón y reconocieran que sean o no parte de la universidad ni tienen razones que legitimen su ocupación, ni los proyectos que promueve su ocupación son mejores que los proyectos de la Universidad -por defectuosos que estos sean- ni son mayoría en ningún sector ya (claro, salvo ustedes mismos).
3) Creemos en una Universidad que nos ha dado mucho; queremos que a ella regrese un espacio que es suyo.
Esto no ha terminado, no es una amenaza, sino una promesa, seguiremos trabajando por recuperar el Auditorio Justo Sierra y otros espacios usurpados de la Universidad, y no somos los únicos que piensan así.

Corolario: Cuando la comunidad tenga interés de impugnar a un director lo hará; ahora los impugnamos a ustedes: No hay transparencia, no rinden cuentas a nadie, no traen ningún bien para nadie distinto a ustedes. (¿qué dirán?, ¿que eso es lo que significa autogestivo?, ¿que como son autogestivos pueden hacer lo que se les de la gana? Podrían, sí, si no estuvieran usurpando un espacio público y consumiendo presupuesto de la Universidad... ¿o siempre sí pagaron el recibo de luz ustedes?). Saliéndo los ocupantes del justo sierra no saldría la rebeldía, saldría la cerrazón y la fantasía.
Una nueva ironía... Ahora resulta que los rebeldes somos nosotros, quienes nos resistimos a la ocupación, en la medida en que no estamos dispuestos a seguir acatando sus condiciones: Ustedes imponen el uso que se le da al auditorio y en diez años nos han convencido de que no es el mejor.
Por último, si los promotores de la ocupación consideran que existe necesidad lógica en la disyunción entre ser un ultraderechista, facista y todas las letanías que vienen a rezar aquí, y pretender cambiar el mundo usurpando espacios de la universidad, no los culpo por escoger la alternativa más fácil, estar en contra de todo y no aportar nada es lo que se esperaría de alguien que no puede concebir la posibilidad de que alguien piense distito que sí.
Así las cosas, no contentos con privatizar el Auditorio Justo Sierra y otros espacios de la Universidad, ahora amenazan con hackear un sitio en el que ciertamente caben sus participaciones, pero que no está dirigido ni es de uso exclusivo de ellos.
¿quién era el facista?, ¿quién es el rebelde?
Amables lectores, si esta es la última entrada que los okupas y sus simpatizantes nos permiten publicar, agradecemos su atención y prometemos volver pronto; Okupas y anexos, si esta es la última entrada que nos permiten publicar, gracias por evidenciar una vez más que no están dispuestos a dejar que exista un punto de vista diferente al suyo, y que el autoritarismo y la cerrazón lo ejercen muy bien.
ps. Sí, viene una asamblea más para el cinco de octubre, en cuanto tengamos detalles los publicaremos, si nos dejan, claro.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Crónicas de una asamblea (II)

Hola estimados lectores: como mi computadora ha fallado no había estado al tanto de todo lo que ha ocurrido momento a momento en este blog. Apenas veo las fotos y supongo que ya se retiraron las que ofendieron a más de uno. En ningún caso es nuestra intención causarle perjuicio a nadie, ni siquiera a nuestros opositores. En breve se verá la pertinencia de la permanencia de las fotos restantes en el blog. Como saben éste es un equipo de trabajo y esas decisiones se tomarán conjuntamente. Me preocupen las reiteradas manifestaciones de odio en los comentarios. No tanto porque tema por mi persona (aunque también) sino porque hacen lo que precisamente un comentarista señaló: dividir a la comunidad. Creo que una lectura atenta de todo lo que hemos publicado da muestra de lo contrario. Hemos procurado presentar sólo argumentos, razones, y hemos procurado mantener al margen la aversión. Claro que tomamos una posición. Pero intentaremos vencer la opuesta con razones, nunca con intimidación. Mi crónica no es tan buena, tan objetiva ni tan veraz como la de La Jornada... pero hago mi lucha.

Crónica de una Asamblea II

Había pactado ver a mis compañeros antes de las 13 horas para esperar juntos el momento de la asamblea. Cuando entré a Filosofía y Letras vi una vez más la manta que convocaba al evento, la manta en la que algunos estudiantes osaron llamar a sus compañeros en torno al tema del auditorio Che Guevara. En la que el gesto de osadía fue todavía más allá al añadir a la manta el siguiente mensaje: “esta vez va en serio”. Justamente en ese momento un par de estudiantes que están en contra del desalojo del auditorio pegan unos pequeños papelitos en forma de estrella sobre dicha manta, los papelitos traen escritas varias consignas breves que mi memoria no retuvo, pero que son muestra del desacuerdo que hay entre algunos a la convocatoria del cartel. Quizás con la intención de ganar adeptos a su causa, quizás con la intención de mostrar que no bajarán la guardia.

Al llegar con uno de mis amigos, me confiesa éste que siente una espacie muy extraña de emoción por lo que está por ocurrir. Días antes me había expresado su inquietud respecto a la asamblea. En nosotros rondaba la preocupación de que pudieran producirse confrontaciones estériles o violentas. También había sido tema la cuestión de si era el mejor modo de buscar una solución. Como él lo veía era como un proceso gradual, a mediano plazo... por no desesperanzarnos al decir "largo". Pero ya se había hecho cargo de difundir la convocatoria aquí en este sitio, pues la consigna es unir esfuerzos.

De cualquier forma la hora se acercaba, ya estaba siendo instalado un equipo de sonido. Al dar prácticamente las 14 horas ya había varios núcleos de estudiantes y profesores en el perímetro de lo que sería la mesa que presidiría la asamblea. Como ustedes recordarán toda una sección del estacionamiento de la facultad se mantuvo libre de vehículos con ese fin. Hecho curioso por lo que más adelante voy a relatar. Al ser prácticamente la hora y habiéndose hecho la prueba de sonido los organizadores comienzan a avisar a las personas circundantes que es conveniente que tomen sus lugares en el estacionamiento y se sienten para comenzar la asamblea en condiciones óptimas. En un dos por tres ya era una cantidad enorme de gente la que había atendido a la convocatoria. ¿Alguien había pensado que el tema del auditorio había dejado de interesarle a la comunidad de filos? Al menos yo no recuerdo una convocatoria tan grande y tan plural. Desde el año de 2002 que pisé por primera vez la facultad en calidad de estudiante había presenciado muchísimas convocatorias a asambleas. Por lo general se celebraban en el “aeropuerto” de la facultad. Planear una asamblea en un espacio tan pequeño implica la conciencia de los organizadores de la cantidad de posibles asistentes. No dudo que en todos estos años se hayan llevado a cabo otras asambleas en otras sedes, como el Aula Magna, el Jardín de los Cerezos, las inmediaciones de la Biblioteca Central y el mismo auditorio Che Guevara.

Sin embargo, dada la cuestión que se iba a discutir se tomaron las providencias necesarias para que cuando menos no faltara el espacio. Por ello se inhabilitó una sección del estacionamiento. Como decía, la convocatoria fue muy amplia. De inmediato pude ver a varios profesores que esperaban el momento en que comenzara la asamblea. Como bien sabrán los habitantes de la facultad, esto no es algo común. Y de los estudiantes también hay que hablar: la convocatoria alcanzó, no tengo la menor duda, a muchos de esos jóvenes que por lo general prefieren dedicarse a sus estudios que atender a eventos de ésta índole. Atención, no estoy haciendo ninguna valoración implícita o explícita, me limito a describir un hecho conocido por todos. Yo mismo fui un alumno que no asistía a asambleas y cosas por el estilo. No por alguna razón en específico, simplemente tenía otras cosas que hacer. Sin embargo, muchos estudiantes estaban allí, ansiosos de participar de alguna manera en lo que parecía ser el primer paso hacia la recuperación del auditorio.

“¿Pero cómo? ¿no estás, Ivo, atribuyendo de entrada a la totalidad de los asistentes el mismo deseo que tú tienes? También había sin duda personas que tenían una intención contraria a la que supones preponderante”... podría reclamar alguien legítimamente.

Bueno, de entrada hay que relatar lo siguiente: me sorprendió el hecho de que varios de los que parecían estar coordinando el inicio de la asamblea eran los mismos que en ocasiones anteriores se habían reunido para reclamar la devolución del pasto que fue sustituido por piedras en las vacaciones, la rendición de cuentas por parte de las autoridades de la facultad, los recortes a las becas de los posgrados, entre otras cosas. Me sorprendió pues yo había supuesto con anterioridad que el tema del auditorio no pasaría jamás por su agenda. Cuando comenzaron a presentarse lo hicieron a nombre de la “Asamblea de la facultad de filosofía y letras”. Ese hecho sembró dudas no sólo en mi sino en varios asistentes. Escuché a una mujer preguntar a alguien de qué iba a tratar exactamente la asamblea a lo cuál su interlocutor respondió “pues nosotros vinimos por lo del auditorio”.

Pude notar que había unas estudiantes cerca de la mesa y que aparentemente discutían de qué se iba a hablar y en qué formato. Una vez que los miembros de la “Asamblea de la facultad” ratificaron ante el público el trabajo que habían venido haciendo desde principios del semestre hicieron explícita su intención de tratar varios problemas que habían agendado en su reunión anterior, y que, como sospechaba, no incluían el tema del auditorio. La gran mayoría de los asistentes, me atreveré a decirlo, se sintió timada... o al menos esa es la explicación que encuentro al hecho de que casi todos gritaran “¡Nooo!” ante la propuesta de los temas a discutir.

De inmediato surgió la justificada indignación de los miembros de “la Asamblea” pues consideraban que era una falta de respeto a su agenda y a su trabajo durante el semestre que la mayoría de los asistentes (que no habían estado en las otras asambleas) prefiriera discutir otro tema. Y digo que la indignación era del todo justificada si, como supusimos algunos, el equipo de sonido era de ellos.

Una vez que “la Asamblea de la facultad” mostró su desacuerdo con que la gran mayoría de los miembros de la facultad quisieran discutir algo que no estaba agendado, pues era su asamblea, salió al rescate de la cordura un estudiante que trató de apaciguar los ánimos para que todo se condujera con civilidad.

Ante el grito casi unánime de: “¡Auditorio, auditorio!” se resolvió que se hablara del auditorio. No se dejaron de escuchar voces entre los asistentes que clamaban: “¡cómo si fuera el problema más importante!”, “hay otras cosas de qué hablar”.

Comenzaron las intervenciones no sin un alto grado de pasión y desorden. Apenas se identificaba “la facción” del orador, “la facción” opuesta mostraba su rechazo. Estás muestras iban desde simples señales con el dedo queriendo decir: “no” hasta gritos e improperios. Pero si alguien osaba usar sus tres minutos para hablar de otra cosa ocurría algo como lo siguiente: un estudiante del posgrado de Estudios Latinoamericanos que no desaprovechó la ocasión para hacer del conocimiento de todos (una vez más) la precaria situación económica de los estudiantes cuyas becas presumiblemente corrían riesgo de ser recortadas, fue acallado por la multitud, no sin antes recordarle a los insensatos que esas medidas afectarían a las futuras generaciones.

Se acordó más adelante después de mucha insistencia que no habría resultados ostensibles de aquella reunión si los representantes de los diversos puntos de vista no guardaban silencio y respetaban la exposición del otro. Fue de llamar la atención el momento en que una estudiante que moderaba la asamblea reprochó a un grupo de profesores no guardar la compostura. Así las cosas, las intervenciones fueron sucediéndose con un poco más de orden. No sé si sería mi imaginación, muchos de ustedes juzgarán que llevo agua a mi molino, pero recuerdo que al menos en los primeros minutos de la reunión fueron intensos los vítores a las personas que exponían por qué querían la devolución del auditorio; para constatar o refutar este hecho esperaré a escuchar las opiniones de otras personas que estuvieron allí. Los que no asistieron no tienen por qué creerme.

Más adelante, en los próximos días nos ocuparemos de hablar concretamente de los argumentos que se expusieron a favor y en contra de la devolución del auditorio. Adelantando que no privó, al menos por algunos momentos, la postura negro/blanco. Hubo algunos estudiantes que se expresaron en favor de cierta conciliación.

Ahora va el apéndice subjetivo
(muchos compañeros favorables a la ocupación pueden dejar de leer aquí, no porque piense que no sea posible dialogar con ustedes, sino porque al parecer no desean hacerlo. Ya me puedo imaginar sus insultos, no necesitan escribirlos):

Yo estuve casi en primera fila y al menos a mi rededor pude notar lo siguiente: aunque en lo general se guardó la compostura conforme avanzó la asamblea había personas que no perdían la oportunidad para hacer acotaciones o comentarios en voz alta a lo que decían los oradores. Curiosamente este fenómeno tuvo lugar más frecuentemente (podría decir que ininterrumpidamente) cuando tomaba la palabra una persona que expresaba su deseo de recuperar el auditorio. También solía ocurrir que cuando terminaba su participación fuera increpado con un fallido aunque irritante y cínico intento de sarcasmo por alguno de los que tomaron la palabra en los primeros puestos para defender la ocupación del auditorio.

No digo que del otro lado todos se hubieran guardado respetuosamente sus comentarios siempre. Me tocó ver el caso de una chica, que después de haber expresado su total rechazo a las condiciones poco dignas para un auditorio universitario que privan en el Che, fue abordada con comentarios burlones de la siguiente índole: “¿quieres que esté abierto para todos? ¿incluso para los fascistas?” ante lo cuál respondió, a diferencia de su interlocutor, visiblemente afectada y quebrándosele la voz: “Sí, para todos”.

Avanzó al tiempo. Muchos de los profesores que había identificado se habían retirado. No todos, algunos estuvieron más tiempo que yo. Varios estudiantes fueron levantándose poco a poco, alejándose. Entre los que permanecían el ánimo se agotaba. Cada vez eran más aplaudidas las intervenciones de los simpatizantes de la ocupación. También eran más potentes sus gargantas. Llegó un momento en el que un ferviente simpatizante de la ocupación y conocido de todos ustedes (digo, como comentador del blog, no empiecen con paranoias) tomó la palabra. Hizo publicidad de este sitio y cuando se le acabaron sus tres minutos preguntó a la concurrencia si se le permitiría leer un breve escrito. Varios de los asistentes ubicados cerca de la mesa, de pie, exclamaron: “¡Sí!”. Como digo, a esas alturas ya eran más enérgicos ellos. Al extenderse la lectura del ensayo del orador varios empezaron a quejarse, ante lo cual la moderadora recalcó que la asamblea había dicho que sí permitiría la lectura al orador. De nuevo asintieron ruidosamente los mismos de antes. Concluyó por fin su manifiesto con aplausos de sus simpatizantes.

A esas alturas del partido se anunció que quedaban 29 participaciones, más los que se decidieran apuntar. Había que decidir qué hacer pues el tiempo sería factor de desgaste. Me tuve que retirar, había que ir a trabajar.

Seguramente muchos tenían una propuesta, una idea, una opinión que les daba vueltas en la cabeza. No pudieron acercarse a la mesa para apuntarse o no se sintieron con ánimos de hacerlo. Después de todo eso implicaba exponerse a ataques verbales de diversa índole. Tampoco tomó la palabra (mientras yo estuve) algún profesor. O alguna autoridad.

Éste fue el primer paso. El llamado es a no desilusionarse y comenzar a organizarse. Hay que agradecer profundamente a quienes convocaron la asistencia con el tema del auditorio (¡¿qué importa si el desplegado lo pagó el mismísimo Slim?!). Creo que ahora hay bases para realizar trabajo efectivo. Fue un importante primer paso. Varios no esperábamos que tuviera saldo completamente favorable. Me quedo con el comentario de un lector de este blog:

lo único que se salva del día de hoy es que todos llegamos a un punto en común y eso nos convierte en una COMUNIDAD ESTUDIANTIL


Al menos sirvió para darnos cuenta de que las personas que desean ver al auditorio trabajando como el resto de las instalaciones universitarias es muy grande. La comunidad no fue indiferente ante este problema. También sirvió para poner en evidencia los recursos argumentativos de los que sostienen el discurso de que la negociación es imposible, de que el auditorio “no puede regresar al poder de las autoridades”. No sé cuál era la “sorpresa” que prepararon los okupas. ¿Será que pretendieron llevar a sus “mejores” oradores? Francamente, lo único que me habría sorprendido es que hubieran actuado diferente a como de hecho lo hicieron.

sábado, 26 de septiembre de 2009

La vara que midas...

Eso es valentía, estoy seguro.

Déjenme contarles un cuento en dos actos.


Primer acto.
En un refinadísimo comentario enviado ayer al presente blog se le dice a mi amigo Ivo Basay: "llora Basay, llora, no te queda de otra. Ora sí ya te tenemos en foto".

Segundo acto.
En otro refinadísimo comentario, de un no menos eximio (que no ex-simio) comentarista, enviado hoy al presente blog se dice a Zabateck: "Es ofensivo que nos saques fotos, porque seas tira o no, la tira ve esta página de mierda y seguro que toma nota. No mames compa, la cagaste bien gacho si no eres tira, y si sí, vas y chingas a tu madre porque a todos los vamos quemar un día de estos. Exijo a la administración de este blog que, por la seguridad de los estudiantes, esas fotos sean retiradas inmediatamente. Si no, procederemos al juego sucio de los hackers y quitamos la página entera, ustedes deciden".

¿Cómo se llamó la obra?

viernes, 25 de septiembre de 2009

La voz de la imagen








En un llamado a la cordura y la congruencia se ha pasado el foro de "La voz de la imagen" al blog: http://gladiadoresdejustosierra.blogspot.com, de esta manera serán las gráficas las que hablen por si solas.











CRÓNICA DE LA ASAMBLEA

13:30 horas. Baje del Pumabus en la Facultad de Arquitectura, de ahí caminé hasta la entrada de la Facultad de Filosofía y Letras en donde las actividades se desempeñaban igual que como cualquier otro día. Conforme me acerqué pude ver una mesa en la que estaba una consola y un par de bocinas, al parecer unos compañeros estaban haciendo pruebas de sonido, con esto corroboré la convocatoria que se realizó para la Asamblea en la que se plantearía el futuro del Auditorio Justo Sierra, popularmente llamado Che-Guevara.

14:00 Utilizando un megáfono, un compañero comenzaba a invitar a los estudiantes para que diera inicio la Asamblea. A pesar de la aparente indiferencia ya había muchos interesados en el lugar, a bote pronto, el conteo que realicé fue de 200 participantes, número que se triplicó en los cinco minutos siguientes. Al final del día la concurrencia tal vez llegó a los 1000 participantes, si no fue así seguramente estuvo cerca.

14:05 El compañero con el megáfono propone los temas a debatir en la Asamblea entre los que enumeró primeramente la desaparición de las macetas que están en el pasillo que lleva a la Biblioteca Central, un comedor con precios accesibles a los estudiantes y un estacionamiento gratuito. Ante tal presentación la mayoría de los participantes discreparon, por lo que comenzaron a clamar ¡Auditorio! ¡Auditorio! ¡Auditorio!

14:07 Por razones que sólo ellos conocen y que son dignas de respeto, había voces que demandaban darle prioridad a otros temas y querían dejar de lado el asunto relacionado con el Che Guevara-Justo Sierra. Sin embargo la concurrencia votó porque el tema central de la Asamblea fuera si los ocupantes debían mantenerse o no dentro de las instalaciones del inmueble en cuestión.

14:15 Tras dimes y diretes, la Asamblea por fin pudo comenzar y esto sucedió con la voz de una compañera quien no dijo su nombre y se pronunció a favor de temas ajenos al auditorio. Ella se siente indignada por los macetones y ve como problema o tema de discusión el asunto del Che Guevara-Justo Sierra.

14:20 El megáfono es tomado por un compañero simpatizante de los “Ocupas” y con mucha claridad se dirigió a la concurrencia, a la que le preguntó: “haber compañeros, toquemos el punto del Che. Ustedes piden que el auditorio funcione. ¿Ustedes creen que a las autoridades les interesa que funcione?
Ante esta interrogante la respuesta la concurrencia respondió un SI de manera generalizada, por lo que el compañero (quien no dijo su nombre) prosiguió: “Si eso fuera cierto, cuando se terminó la huega (1999-2000) las autoridades hubieran puesto a funcionar el auditorio. La voz del compañero se interrumpió por quienes no estaban de acuerdo con lo que el decía. Ante ello el levantó la voz y dijo “los que desmadraron al Che fueron las autoridades, ¿quieren tocar el punto del Auditorio? O.K. yo no creo que las autoridades le vayan a dar respuesta.” Nuevamente los compañeros de oposición volvieron a interrumpir al participante, por lo que “La Mesa” llamó a la cordura, el respeto y reprendió a los profesores que estaban poniendo el desorden.
Una vez devuelta la palabra el compañero continúo: para echar a andar el Che, no basta con que la Rectoría lo tome, porque eso es lo que quieren (los que están en contra de los “Ocupas”), ese es el proyecto que traen. Nosotros (los que tienen en su poder al auditorio Che Guevara-Justo Sierra) somos un grupo de estudiantes que planteamos una propuesta mucho más constructiva y productiva, que es conformar un comité tripartita que es académicos, estudiantes y trabajadores que se hagan cargo del Auditorio y no se haga un botín político ni de académicos, ni de estudiantes ni de trabajadores, no queremos que sea un botín político como antes. Me sorprende que estén peleando por un auditorio que se está cayendo cuando lo que se está cayendo es el sistema completo… me parece una burla… Nuevamente el compañero fue interrumpido y con ello terminó su participación.

14:27 Las participaciones continuaron y aunque se había fijado como tema central el asunto con el auditorio, hubo más de cinco oradores que seguían apelando a otras temáticas. La amenaza de lluvia estaba latente, por lo que “La Mesa” se pronunciaba por cambiar el lugar de la Asamblea, hecho que ocurrió hasta casi dos horas después de haber iniciado el diálogo.
Así fue como se inició la marcha rumbo al auditorio Che Guevara-Justo Sierra. En las bocinas de “Radio-Ocupa” el locutor decía que Narro Robles es un porro que mueve la droga dentro del Ciudad Universitaria. Que Villegas fue quien sembró el muerto ocurrido en el estacionamiento de la FFyL. Que los jóvenes que quieren devolver el auditorio a la rectoría son una bola de mediocres con espíritu senil, pues han olvidado la rebeldía que se emana de los “Ocupas”. Mientras esto se escuchaba en “Radio-Ocupa”, los estudiantes entraban pacíficamente al interior del Auditorio”, lugar en donde concluyó la Asamblea.
Una vez dentro del Auditorio pude ver un espacio dirigido y organizado por sus actuales inquilinos. Las maderas que favorecen la acústica del inmueble ya se encuentran casi podridas. Inclusive en el ala derecha del auditorio hay un gran hueco que evidencia la falta de mantenimiento; la luz es precaria y no existe butaca alguna.

Eran ya las cinco de la tarde y debía ir a trabajar, por lo que abandoné el auditorio con la sensación de que finalmente no se llegó a nada. Los “Ocupas” argumentarán mil y un motivos por los cuales deberán perpetuarse ahí durante quizá otras dos décadas más y los opositores continuaran con su protesta hasta que se cansen o concluyan la licenciatura.Tome el Pumabus y al subir me di cuenta de que para los estudiantes que iban en ese transporte no estaba ocurriendo absolutamente nada. El camión en el que iba llegó a la Facultad de Derecho y mientras algun@s compaer@s subían, otr@s bajaban. ¿Indiferencia? Tal vez, lo cierto es que me pareció que estas personas acuden a la Universidad a estudiar que es a final de cuentas el objetivo para el que se creo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Asamblea 24 de Septiembre II

Por estos días circula en la red el siguiente mensaje, relativo a la asamblea referida en la entrada anterior:
Compañer@ de la Facultad de Filosofía y Letras:
El Auditorio Justo Sierra-Ché Guevara fue durante más de 40 años un centro fundamental de la vida académica, cultural y política de la Universidad, y por lo tanto del país.
Desde su inauguración en 1955 en él se presentaron no sólo los académicos más destacados de la UNAM, sino también pensadores como José Saramago, Bertrand Russell, Julio Cortázar, Humberto Eco, Jürgen Habermas, Mario Benedetti, Susan Sontag, entre muchos otros.
Desde sus inicios fue un espacio de diversidad. Albergó multitud de actividades como talleres de música, cinedebates, exposiciones temporales, charlas con escritores, representaciones teatrales y conciertos como los de Mercedes Sosa, Paco Ibáñez, Santa Sabina y El Tri.
Sin el cobijo del auditorio no pueden comprenderse movilizaciones sociales como el movimiento del 68, la fundación de los sindicatos de la UNAM o la huelga de 1986.
Fue además la primera sede de la OFUNAM en Ciudad Universitaria y albergó al Cineclub de la Universidad, bastión fundamental para la difusión del cine de arte y la lucha contra la censura.
El Auditorio Ché Guevara-Justo Sierra fue todo esto y más durante 40 años, espacio de pluralidad y apertura que hace 9 años nos fue arrebatado a todos los universitarios.
EL AUDITORIO ES NUESTRO, RECUPERÉMOSLO.
Un grupo de estudiantes de Letras Modernas se ha estado organizando para llevar a cabo una junta el próximo jueves 24 de septiembre a las 14 hrs en las afueras de la Facultad. Como documento adjunto a este mensaje te enviamos el Manifiesto de este grupo. Ven a expresar tu opinión de manera pacífica y respetuosa, ayúdanos a recuperar el Justo Sierra-Ché Guevara. AYÚDANOS A DEMOSTRAR QUE SOMOS MAYORÍA LOS QUE QUEREMOS EL AUDITORIO DE VUELTA. ¡NO FALTES Y CORRE LA VOZ!

Xavier Aguirre y Cristina Paredes, Consejeros Universitarios Alumnos de la FFyL
El documento referido (manifiesto) es el que aparece en la entrada anterior.
No son sólo quienes convocan a la reunión, no son sólo los académicos que les respaldan, no son sólo los consejeros universitarios y contrario a lo que dicen nuestros detractores no somos sólo nosotros.
Ante los comentarios de los ocupantes del Auditorio Justo Sierra -de nuevo, pueden consultarse en la entrada anterior-, juzgo pertinente recalcar la importancia de mantener la serenidad en la asamblea del jueves.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Asamblea 24 de septiembre

Luego del intento de remoción de macetones y la apertura del estacionamiento con que la asamblea de las piedras amenazara, un grupo de estudiantes de Letras levantó la voz para hacer escuchar una consigna que ya varias veces hemos enunciado en este espacio: Usar un altavoz para decir que luchas por la libertad no te da derecho a pronunciarte como la voz de la Universidad en su compleción.
El día de hoy hicieron circular una versión más breve, pero idéntica en contenidos judicativos, del siguiente documento:


El documento habla por sí solo.
Contrario a lo que los ocupantes del auditorio y sus partidarios quisieran creer, la comunidad universitaria existe, existe en el reconocimiento entre profesores y alumnos, en la gente que estudia y trabaja aquí, y -aunque se sabe en una universidad perfectible- no está dispuesta a renunciar a ella.
Contrario a lo que los ocupantes del auditorio y sus partidarios quisieran creer, no hace falta tener un interés "oscuro" para diferir de su punto de vista.
La consigna es clara y unívoca: Regresen el auditorio a la Universidad.
Estimo que la asamblea del 24 puede llevarse a cabo con civilidad, que es lo que quienes la convocan pretenden, y sea un paso más hacia la restitución a la Universidad de su auditorio.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Autonomía derelicta

La mitología unamita resguarda como cáliz sagrado a su autonomía. De entre los distintos grupos que viven en -y de- la UNAM, no hay uno que no justifique públicamente su labor en la autonomía. No sólo banderín o estandarte, adorno administrativo, vehículo de lujo o grito de batalla, la autonomía ha sido desde tiempo atrás el elemento definitivo de la identidad pública de los unamitas. Nada hay que los enorgullezca tanto, nada que los vuelva tan combativos, nada que manipulen y distorsionen más. Sin embargo, la mayoría de los usos y defensas de la autonomía universitaria ignora y oculta -sin saberlo, pero lo oculta- los orígenes y la razón de ser de su sello identitario. Para mirar qué es la autonomía universitaria debemos ir al año de 1929.

Turbulento en más de un sentido, 1929 parecía ser el año en que los caudillos de la familia revolucionaria se harían a un lado y dejarían las riendas del país en las manos de los que saben. Pronto, a los ojos de los cachorros de la revolución, los universitarios y su universidad nacional cobraron importancia en el cuchicheo político. Por primera vez, al menos en la historia de las instituciones educativas mexicanas, los profesionales de la política voltearon hacia la universidad. ¿Por qué voltearon hacia la Universidad? ¿Qué buscaban allí? ¿Qué les llamó la atención?

Fueron dos los focos principales de atención: los huelguistas y José Vasconcelos. El maestro de América dedicó el año de 1929 a su campaña política por la presidencia de la república. Maderista entusiasmado a inicios de la revolución, desterrado en medio de la rebatinga caudillista, exitoso evangelizador de la cultura en la estabilización obregonista, Vasconcelos se consideraba el indicado para guiar al país, pues era el único representante posible que conjugaba el espíritu de los revolucionarios y los ilustrados; ¡estaba dialécticamente señalado a gobernar! Que un hombre de letras llamara la atención pública; que fuera digno de crédito, tanto por sus palabras como por sus obras, ante los ojos del pueblo; que fuera admirado por los hacedores de la revolución, por los institucionalizadores que le siguieron y las juventudes de su tiempo; que se entregara sin cortapisas a sanear el espíritu de su raza; que en torno a él se reuniera y consolidase una propuesta ciudadana que no fuese organizada desde los gobernantes; que de los libros llegara al poder era, finalmente, algo novedoso. Nunca antes se hubiera pensado. (Quizá ni en la tertulia liberal de la República Restaurada). Los políticos del 29 veían en Vasconcelos un nuevo modo de hacer política, una vertiente más de la revolución. Quizá por eso decidieron voltear la mirada al campo nutricio de la popularidad vasconcelista y organizar dentro de los límites de la universidad corporaciones políticas que encausaran a sus miembros a utilizar su ciencia para legitimar a los caudillos. Así, por ejemplo, la universidad comenzó a ser utilizada para la política: las organizaciones sindicales y las agrupaciones obreras reclamaron su coto de poder dentro de la universidad para impulsar el socialismo; los cristianos perseguidos y los grupos conservadores usaron a la universidad como lanza crítica del gobierno represor; los miembros de la familia revolucionaria a los que correspondía el turno de mandar usaron a los universitarios para justificar científicamente sus caprichos. La universidad pasó de guía moral de la patria, en el bello proyecto de don Justo Sierra, a patíbulo ejecutorio de los enemigos; de ágora para el cultivo del espíritu, según los altos fines del Ateneo, a mercado de influencias, recompensas y sanciones; de motor para la acción nacional renovadora, como lo quiso la inagotable generación de 1915, a anclaje nacional en la pulcritud ideológica; de, finalmente, campo del saber a ejido político, espacio libre a institución autónoma.

Se dio autonomía a la universidad no tanto por el reclamo estudiantil, ni por el ejemplo cultural de Vasconcelos, sino para dejar a la universidad al alcance de los políticos, para extender a sus aulas los dominios de los hombres afanosos de poder. La autonomía universitaria no se otorgó, como en los corrillos se propala, por la diversidad ideológica, sino por el dogma utilitario de quienes quisieron fincar su poder en la universidad. La libertad de investigación y de pensamiento nunca estuvo coaccionada, pues el espíritu es libre; la autonomía sólo vino a garantizar la libertad a los políticos que quisieran utilizar a la universidad. Por ello, quienes ahora más defienden la autonomía lo hacen desde cuestiones administrativas o berrinches políticos, tanto desde abajo y a la izquierda como hasta arriba y adelante; quienes ahora se aferran a la autonomía y la utilizan como escudo hercúleo ante la crítica universitaria no hacen más que fingirse hombres de palabras y razones, cuando más bien son soeces idólatras que hacen política a coces. Por ello, en un ilustrador artículo del 25 de junio de 1929, Alfonso Caso advertía que, dada la autonomía, los universitarios serían enteramente responsables de la forma en que realizarían sus fines. Hemos permitido que la política barata anide en la universidad, amamante a sus propios zánganos y que estos la comiencen a cercenar desde un auditorio secuestrado; el cáncer disfrazado de revolución está mermando nuestra salud. Los universitarios estamos fracasando.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El profesor de Historia y su mejor lección

Hoy 13 de septiembre de 2009 se cumplen 97 años del fallecimiento de Don Justo Sierra. También en este noveno mes, hace nueve días, lamentamos nueve años de ocupación del auditorio en cuyo nombre se pretendía mantener viva la memoria del maestro entre las nuevas generaciones de universitarios. Dentro de 9 días se cumplirán 99 años de la inauguración de la Universidad Nacional; proyecto magno de Don Justo.

Hoy, como en otros momentos hay quienes bajo un falso discurso libertario intentan destruir la Universidad. Estuvieron cerca hace nueve años, con más de nueve meses de paro. Quizás algunos tengan buenas intenciones, esto no los exime de la culpabilidad que tuvieran en el asunto, de la ceguera y falta de autocrítica. No los exime, al menos, de la culpa de ser malos estudiantes; de no saber historia: intentan sustituir la memoria del humanista por la del guerrillero, la del hombre a quien en gran medida se debe la existencia de la Universidad Nacional por la de la célebre fotografía de Korda. Un hombre por una foto.

Cuando comenzé a hablarles de Don Justo lo hice aludiendo a un acontecimiento lamentable. Creo que se entiende por qué elegí este momento de la vida de Justo Sierra. En el contexto que vivimos actualmente es más que elocuente el episodio, en el que se intentó manchar la honra del profesor; en el que el profesor no lo permitió, dando en sus palabras, su mejor lección de historia:


Un periódico católico que se ha señalado en los días últimos por las infames calumnias lanzadas contra mí, con el piadoso objeto de designarme a la multitud delirante, ha asegurado que los alumnos de la Escuela Preparatoria trataban, por su conducta para conmigo, de hacerme renunciar a mi cátedra de historia.

Me repugna profundamente pensar que jóvenes que aspiran a llamarse ilustrados y devotos de la razón y la ciencia, obedeciendo a extraños e interesados consejos que conozco, y que el tiempo descubrirá para honra mía, traten de juzgar y condenar a un hombre, sin haber solicitado de él una explicación siquiera.

Pero si es cierto lo que el procaz diario a que aludo a asegurado, mi conducta es sencilla y clara como el día. Como profesor de historia jamás he enseñado a mis jóvenes discípulos sino el culto a la verdad, la superioridad de la razón sobre las pasiones, el triste papel que en los anales humanos desempeñan quienes carecen de la firmeza de alma bastante para oponerse fría y serenamente a los que, más ignorantes que ellos, suplen con el grito, la vociferación y la frase hueca, la ausencia de la razón y de la justicia. De mi enseñanza han sacado estos frutos y el amor reflexivo y profundo de la patria. Y ya que a través del profesor se busca y se hiere la independencia del funcionario que, sin retroceder una línea ante el sacrificio de la popularidad y las amenazas de la multitud inconsciente, cumple con su deber, declaro que me consideraría indigno de pertenecer al profesorado mexicano si cediera un solo punto ante una presión inmoral y violenta que pretendiese hollar los fueros de mi mandato político y de mi libre conciencia. Muy lisonjero ha sido y sería para mí el cariño de los alumnos de la Escuela Preparatoria; pero hay algo que tengo en mucho más: la estimación de mí mismo. Si me destinan a tener el amargo placer de enseñarles cómo sabe un hombre cumplir con lo que ha creído su obligación, a enseñarles cómo se respeta el derecho ajeno, cómo se agiganta el más humilde ciudadano cuando representa la libertad del pensamiento, cuando encarna la inviolabilidad de la convicción política, cuando personifica la resistencia a la tiranía tumultuosa de la multitud, más abominable que todas las otras juntas, yo les enseñaré todo eso. Podré ser vencido en la lucha, mas conmigo quedará vencida la noble y santa enseñanza de la Escuela. Los mismos que hoy me atacan, volviendo a sus sentimientos naturales, me harán justicia; esta habrá sido mi mejor lección de historia.

Justo Sierra, La libertad, México. 22 de noviembre de 1884.

Obras completas, T. VIII, p. 150-151.



El último retrato de Justo Sierra. En palabras de Alfonso Reyes: "... nos lo presenta como era: un gigante blanco. De corpulencia monumental, de rasgos tallados para el mármol, su enorme bondad hacía pensar a Jesús Ureta en aquellos elefantes a quienes los padres, en la India, confían el cuidado de los niños..."

miércoles, 9 de septiembre de 2009

De culto y de cultura

Jactarse de la propia preocupación por la cultura puede ser un buen negocio, pues le da a uno la imagen de culto, solidario y redentor. Sin embargo, con sólo jactarse de la preocupación no se cultiva a la cultura, y de hecho parece que la jactancia más bien le estorba a ésta. Por eso, cuando escucho que los actuales secuestradores del auditorio Justo Sierra se las dan de comprometidos con la cultura y la educación nacional, que se autonombran defensores autogestivos de la educación pública y que se jactan de ser los protectores libertarios del pueblo oprimido, no puedo más que rumiar para mí que sus declaraciones no se tratan más que de una vil farsa. Porque cuando se quiere trabajar por la cultura, cuando se quiere hacer labor educativa, cuando se quiere trabajar de verdad, importa menos la promoción y más el trabajo; en cambio, cuando se pierden las proporciones, ni la cultura, ni la educación ganan, sólo ganan el publicista y el publicitado (aunque su publicidad sea autogestiva, anticapitalista y zapatista). Un buen ejemplo de promoción cultural efectiva y de destrucción de la labor cultural a partir de la pérdida de las proporciones nos lo da la campaña vasconcelista por la educación. Veamos.


José Vasconcelos había llegado a estar al frente de la política educativa nacional. En torno a él había reunido a un grupo de jóvenes decididos a educar al pueblo mexicano, y convencidos de la bondad de esa educación. Algunos miembros del grupo iban de aquí para allá dando conferencias, leyendo poesía en voz alta en los patios de las vecindades, organizando grupos de enseñanza básica de las primeras letras. Otros, se encaramaban en las instituciones educativas para ampliar la cobertura y esparcir las actividades. Unos más estaban a la caza de más difusores culturales en el seno de las escuelas. Y unos pocos, entre ellos el genial Julio Torri, se dedicaron a editar los grandes clásicos en ediciones baratas para inundar al país de buenos libros, a fin de que de ese diluvio de pastas verdes emergiera un buen número de lectores empapados de buenas letras. Detrás de todos, coordinando, impulsando, motivando, inspirando y observando, estaba el maestro Vasconcelos. Su campaña de lectura pronto se volvió épica, casi apostólica.


En su momento más exitoso, la difusión de la lectura fue posible por el tejido de tres características propias de la campaña. La primera consistía en guardar más fe en el libro que en el autor, pues, al contrario de nuestras campañas actuales, difundir un libro no era promover a un autor, sino promover las palabras. Desde esta perspectiva, lo importante no era ni la vida del autor, ni su filiación política, ni su ascendencia ideológica, ni su proximidad a tal o cual grupo; sino que se debía resaltar la calidad de su palabra. En contraste, la difusión cultural de los actuales secuestradores del auditorio Justo Sierra se limita a los autores aprobados y acordes a su ideología, porque para ellos lo importante no son los libros, sino los autores como personajes de la fábula revolucionaria.


La segunda característica de la campaña cultural vasconcelista consistía en tener más fe en la gente que en los educadores, pues lo importante era llevar a los educadores hacia la gente para que esta comenzara a acercarse a los libros, de acuerdo a sus propias necesidades, sin mantener el control de los educadores sobre la gente, es decir, para que la gente lea y piense lo que quiera, y no lo que los educadores le quieran hacer leer y pensar. En contraste, la difusión cultural que presumen los actuales secuestradores del auditorio Justo Sierra no es más que propaganda ideológica, no sólo tienen -al modo de la inquisición- autores buenos y malos, revolucionarios y reaccionarios, progresistas y fascistas; sino que además se concentran en mantener su tutoría sobre la gente, a fin de convencerla de la necesidad de la revolución por ellos planificada. No sólo no creen en el libro, tampoco creen en la gente; necesitan de autores y educadores, necesitan de la manipulación.


En tercer lugar, la campaña vasconcelista adquirió sentido mientras orientaba su acción educadora por la caridad, porque lo importante era beneficiar a los otros respecto a aquello que sus propias necesidades señalaran. En contraste, los actuales secuestradores del auditorio Justo Sierra usan la propaganda ideológica travestida de difusión cultural para ganar poder mediante la manipulación de las personas, para enfilar a quienes ellos embustan hacia su proyecto revolucionario. Los secuestradores del auditorio Justo Sierra no buscan difundir la cultura por caridad, por el simple hecho de que el otro se lo merece, sino por poder, porque la revolución es necesaria. La campaña vasconcelista se estropeó cuando el maestro perdió las proporciones y quiso ganar poder. ¿Algo podría decirles el fracaso vasconcelista a los filocráticos de la revolución?

martes, 8 de septiembre de 2009

Los antecedentes

Como había sólo mencionado anteriormente, al llegar el nuevo rector en 1997, Francisco Barnés de Castro, se pusieron en marcha varios proyectos de índole académico en el interior de la Universidad. No creo que haya muchos que hoy evoquen con algún sentimiento favorable el recuerdo del Dr. Barnés. Sólo lo menciono porque habrá más de uno que al leer las siguientes líneas asumirá que lo que sigue es una apología del ex-rector.


Un amigo médico me dijo alguna vez, desde la perspectiva que le otorga su experiencia profesional, que pretender cambiar el modo de hacer las cosas en este país "está cabrón". Siempre va a encontrarse uno varios obstáculos. Desde aquellos sectores a quienes repugna la idea de hacer las cosas de manera distinta a como están acostumbradas hasta los oportunismos políticos que están siempre al acecho. De cualquier modo, la oposición por lo regular no encuentra un fundamento en la naturaleza y características de lo que está a discusión, es decir, un fundamento pertinente.


De esto nos habla a continuación Guillermo Sheridan, un incisivo crítico de lo que pasa en la UNAM. El siguiente texto apareció en julio de 1997 en la revista Vuelta y después en el libro Allá en el campus grande donde se recogen varios de sus escritos alrededor del conflicto de 1999-2000 en la UNAM.

Cárdenas y Barnés: la disputa por la UNAM

Al poco tiempo de haber sido elegido jefe de gobierno del Distrito Federal, Cuauhtémoc Cárdenas se pronuncia en contra de las reformas promovidas por el rector Francisco Barnés de Castro.


La Universidad Nacional Autónoma de México vive un momento interesante: el inminente enfrentamiento entre el doctor Barnés, que quiere reformar la UNAM, y el ingeniero Cárdenas, que quiere reformarlo todo menos la UNAM.

Las primeras reformas del rector: la Universidad se deslinda de las llamadas «prepas populares» y concluye una mascarada de chantajes que se prolongó durante lustros; se toman medidas para acabar –otra vez- con los fósiles y su disposición para el caos patrocinado; se arrasa con la mediocridad institucionalizada que ampara el «pase automático». Tras estos tres hechos se puede leer una sola intención: impedir que circunstancias de utilidad política fugaz para algunos se perpetúen en reglamentos académicos para todos.

Las propuestas del rector son insuficientes, pero prometedoras. El pase automático fue una enorme tontería que averió durante años la eficiencia de la UNAM; si el pase reglamentado no es enorme, no deja de ser una tontería, pues al igual que el otro, somete a lo burocrático lo que debería ser sólo académico. (El graduado con siete de la preparatoria de la UNAM podrá ocupar el sitio que se le negará al graduado con diez de una «ajena» a la UNAM. Decir que el graduado de la preparatoria de la UNAM tiene prioridad es insostenible: toda preparatoria del Distrito Federal está incorporada a la UNAM; si el sello de la UNAM está en sus certificados de estudios, todos los bachilleres deben de ser iguales en el proceso de selección y disputarse el honor de merecer el patrocinio del pueblo, sin ningún distingo.)

El rector denunció el clasismo políticamente correcto que propone que la UNAM debe por principio preferir al mediocre de bajos recursos, por el simple hecho de serlo, sobre el listo de clase media o alta:

«De ninguna manera podemos aceptar el falso supuesto de que por destino o genética los menos favorecidos están condenados a ser estudiantes de segunda o profesionales de tercera. Repetir constantemente que los estudiantes con desventajas económicas y sociales son víctimas impotentes predestinadas al fracaso escolar; no sólo es un juicio falso y tendencioso, sino también una condena que les roba su autoestima, aniquila sus esperanzas y asesina su futuro.»

Pero entonces ¿por qué éste énfasis en las causales de tipo social no se contagia, con mucho mayor razón, a las de tipo burocrático? El rector afirmó que los estudiantes que ingresan a la UNAM deben ser «entusiastas, enérgicos e inteligentes», más allá de la clase social que padezcan o de la que se vanaglorien. Es su manera de decir que la UNAM es pública, pero no popular.

En «Misión de la universidad» (Revista de Occidente, Madrid, 1930, p.50.), Ortega y Gasset señaló que «la tarea de hacer porosa la universidad al obrero es en mínima parte cuestión de la universidad y es casi totalmente cuestión del Estado. Sólo una gran reforma de éste hará efectiva aquella».

Alegando que el Estado no funciona, se ha impedido desde hace décadas que funcione la Universidad y se le ha hecho pagar las culpas del Estado. Esto no ha mejorado al Estado, pero sí ha echado a perder la Universidad (con el agravante de que una universidad eficiente puede colaborar, creando inteligencia, a mejorar el Estado). Ortega agregaba que «si un pueblo es políticamente vil, es vano esperar nada de la escuela más perfecta», pero al mismo tiempo reconoce que la universidad es una de las alternativas para abatir esa vileza. En México es el Estado el que desdeña a la Universidad y el que puede instrumentar ese desdén en sus políticas educativas. Su éxito es evidente. En esta tarea ha tenido muchas veces como aliados a políticos viles para quienes la UNAM no debe ser buena o mejor, sino útil: la proveedora de una utilidad estratégica que están dispuestos a capitalizar aun si ello supone hacerla tan ineficiente como el Estado. Exigirle más cupo, más tolerancia con los mediocres, más clasismo de buena conciencia, más pases automáticos y más fósiles, es exigirle más vileza, menos eficiencia y menos responsabilidad frente al pueblo que la subvenciona.

Quizás el rector limitó el alcance de sus propuestas considerando que las reformas tienen que avanzar con tiento, sujetas al margen de la maniobrabilidad que permiten las actuales circunstancias políticas. Quizá calculó que el activismo militante estaría atareado en la campaña de Cárdenas. Si es sí, no será difícil imaginar las presiones en su contra que se desatarán a partir del 7 de julio, o antes. Ningún político apoya reformas contra una entidad que le da doscientos mil votos, y menos aún si con los votos se le entrega una probada y enorme base de movilización social. No deja de resultar paradójico que el rector, a quien lo único que interesa es la eficiencia de la UNAM, ya sea considerado enemigo de la «clase estudiantil»; ni que Cárdenas, a quien lo único que le interesa es la utilidad de la UNAM, sea considerado su adalid.

La coincidencia de un rector decidido a tener una universidad mejor y un jefe de gobierno que la prefiere útil, será conflictiva. El rector Barnés parece tener la voluntad de poner en práctica las muchas recomendaciones que, desde los tiempos del doctor Chávez, la crítica universitaria ha propuesto en numerosos diagnósticos, estudios y análisis. Ya en otras ocasiones el Estado las ha cancelado ante la muy peculiar explosividad que la UNAM puede causar, con la contundente razón de que no es el momento. Esto ha llevado a la UNAM a padecer la paradoja de que buena parte de su historia es la acumulación de esos momentos que no eran por razones nunca académicas, aunque sí lo fueron sus consecuencias. La llegada de Cárdenas a la jefatura de gobierno augura que, una vez más, no va a ser el momento, y demostrará que a la hora de desdeñar universidades, él mismo no está muy lejos del PRI, su propia alma mater.

La UNAM será respetable en la medida que sea coherente. Un aspecto interesante del discurso del rector fue su llamado a «combatir la cultura de la impunidad, que es una de las cosas que más lastiman el ethos universitario». ¿A qué impunidad se refiere? Por lo pronto parece tener en mente sólo la de aquellos que utilizan la Universidad para sus fines particulares. Pero la energía del rector, para legitimarse moralmente, no deberá olvidar las impunidades internas que propician que se trueque su eficiencia académica por su utilidad política.

Cada vez que no fue el momento, surgieron agrupaciones sindicales y estudiantiles para las que sí lo fue, que hicieron de la UNAM un río revuelto en el que pescan en él a sus anchas, debilitando más todavía a la UNAM al insistir en convertirla en un remedo «popular» del Estado. Para administrar a cientos de miles de estudiantes, tuvo que crear una burocracia onerosa. Para administrar un sindicato «libre» de veinticinco mil miembros –que hace el trabajo que podría hacer la quinta parte- y para defenderse de sus reivindicaciones laborales, acabó por crear un sector legal capaz de administrar a Centroamérica. Para «cerrar filas» ante todos estos acosos, tuvo que propiciar una administración académica hecha de lealtades, intereses y corruptelas organizadas en mafias ilustradas que se fortalecen y se perpetúan a su sombra; la impunidad de directores que convierten las instituciones encomendadas en el coto privado de sus ambiciones; la impunidad de académicos cuyo comportamiento académico general en poco se diferencia del de los «fósiles»; la impunidad con la que el aparato burocrático se expande y sangra los escasos recursos; la de proyectos que tuvieron razón de ser hace décadas y hoy no son sino inercias costosas, etcétera. Para todos ellos sí fue el momento. La impunidad de las organizaciones estudiantiles, la de los sindicalizados y la de la aristocracia académico administrativa también debería ser atacada con reformas inteligentes y, sobre todo, con la voluntad de los universitarios a quienes no les interesa beneficiarse de la confusión general (si es que existen).

«La Universidad juega limpio, con reglas claras», dijo Barnés, citando sin saberlo a Ignacio Chávez, que afirmó, literalmente, lo mismo, dos meses antes de pagar su osadía con las atroces vejaciones (no era el momento) que sufrió a manos de porros patrocinados, empleados acomodaticios, estudiantes manipulados y profesores e investigadores tan indiferentes que José Gaos prefirió la renuncia a padecer la vergüenza de seguir siendo considerado parte del personal académico.

Por mi parte, creo que se impone apoyar al rector y colaborar con la reforma que ha convocado. Mi escepticismo se entusiasmó ante las medidas de un rector que, por lo pronto, quiere una UNAM que debute en el siglo XXI con un poco de coherencia. Por lo pronto ha tenido la prudente iniciativa de reconocer abiertamente algo que, por demagogia, por interés, por prudencia política o por buena conciencia, se suponía imposible escuchar de un rector: la educación universitaria es una posibilidad al alcance de todos, pero que no todos tienen esa posibilidad. Exactamente lo contrario de lo que piensa no la inteligencia de Cárdenas, pero sí sus ambiciones.

Guillermo Sheridan en Vuelta, julio de 1997

En el mismo ánimo de ir pa' atrás y pa' delante les dejo ahora el reportaje de la visita del ingeniero Cárdenas a Ciudad Universitaria en el marco de su campaña presidencial del año 2000. Unos meses después de terminada la huelga. Lamentable el ambiente de violencia que vivía por aquel entonces la UNAM. Ojalá que no se repita.

viernes, 4 de septiembre de 2009

9 años. No hay festejo sino vergüenza.

Hoy se cumplen 9 años del secuestro del auditorio Justo Sierra. No hay nada que festejar. Es un día gris. Pero los ocupantes no son los únicos depositarios de la deshonra. Estamos directamente involucrados todos los miembros, cuando menos, de la Facultad de Filosofía y Letras. A la necedad de los secuestradores podemos sumar la indiferencia del alumnado y profesorado, la desidia de las autoridades. Es cierto que hay muchos preocupados por el problema; es más cierto que no hemos hecho mucho para resolverlo. La ocupación no es sólo cuestión de pelearse el dominio y control de un inmueble.

Si la Universidad no es para nosotros sino sólo una institución más que sólo sirve para otorgar títulos, pagar becas o sueldos es difícil llegar a amarla. Es difícil indignarse cuando se la lastima en sus cimientos. Ciertamente la Universidad puede seguir en perfecta marcha sin el auditorio Justo Sierra; seguramente seguirá su escalada en el ranking mundial, probablemente solucione sus problemas de egreso, quizás siga construyendo museos y centros de investigación. Podrá hacer todo eso, aunque se sabrá que cualquiera podrá faltarle al respeto sin que sus hijos hagan algo por reparar la afrenta.

En esta ocasión les presento un breve texto del emérito Luis Villoro, titulado "Días de luto" a propósito de tristezas. Apareció como inmediata respuesta del reputado filósofo al forzado término que se dió a la ocupación de las instalaciones universitarias el 6 de febrero de 2000. Hay que recordar que el 28 de julio de 2000 fue publicada una propuesta de solución al paro de la Universidad, por ocho profesores eméritos, Villoro entre ellos: Luis Esteva Maraboto, Héctor Fix Zamudio, Miguel León Portilla, Alfredo López Austin, Manuel Peimbert, Alejandro Rossi, Adolfo Sánchez Vázquez y Luis Villoro. Constaba de seis puntos; de ello hablaremos en otra ocasión. Pero pueden leer la historia en el enlace de arriba. Por ahora los dejo con la consternación del Doctor Villoro:

Días de luto

Día de luto para la universidad. El conflicto no ha sido resuelto; puede agravarse. Podría quedar una herida abierta, rencores reprimidos, enfrentamientos sordos. Podría haber otros brotes de descontento, pues en todo el país los agravios contra el poder son múltiples. Para evitar la continuación del conflicto sólo queda, en mi opinión:

1. Liberar a los estudiantes presos y suspender las órdenes de aprehensión pendientes. Todas las propuestas para resolver el conflicto eran acordes con garantizar que ningún estudiante fuera perseguido por su participación en la huelga, aunque la universidad no pudiera intervenir en los delitos que se persiguen de oficio. La mayoría de los detenidos seguían la huelga por convicción personal y por lo que creían justo. Hay que distinguirlos de los provocadores. A favor de la reconciliación hay que liberarlos.

2. Este es un llamado claro de atención a los jóvenes que pretenden cambiar la universidad y el país. Es indispensable tener ideales. Pero no bastan. La intransigencia en el ideal puede conducir a destruirlo. El CGH tuvo muchas oportunidades de salir del conflicto con dignidad y sin sentirse derrotado; todas las rechazó. La lección es dura, pero hay que enfrentarla: un movimiento, por justo que pudiera ser, no puede tratar de imponerse a los demás desde un grupo cerrado, no puede excluir a todos sus posibles aliados; mantener un ideal con intransigencia, sin ninguna concesión a la realidad, no conduce al heroísmo sino a la desesperación inútil.

3. ¿Qué queda ahora? Evitar continuar con el enfrentamiento estéril, restaurar la comunidad dañada. Saber escuchar al otro, saber encontrarnos con él. Hay una vía abierta y tenemos que defenderla a toda costa: en lugar de la imposición, la argumentación, en vez del grito, el diálogo; sobre el antagonismo, el consenso. El lugar es el congreso. Tenemos que reformar la universidad para que lo que pasó no se repita. Vayamos todos al congreso; que al desánimo lo remplace la voluntad de renovación. La universidad tiene mucho que dar a nuestro país. Y habrá que darlo.

Luis Villoro, La Jornada, lunes 7 de febrero de 2000.
Día a día:

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Actuar inteligente

Si no podemos aceptarlo como hecho, al menos admitámoslo como supuesto: los jóvenes tienen ánimos suficientes de cambiar el estado actual de las cosas. Siendo así, nada más allá de una gazmoñería significaría que nos opusiésemos al secuestro del auditorio Justo Sierra por parte de quienes lo tienen secuestrado, pues, de acuerdo a sus palabras, lo que ellos buscan con el secuestro es luchar por la justicia en el país, lo que equivale, de cierta manera, a cambiarlo. Sin embargo, nada en la suposición, o el hecho, de la suficiencia anímica de los jóvenes para cambiar el estado actual de las cosas implica que ese cambio posible, o incluso la suficiencia misma, son buenos. Si no atinamos a señalar que son buenos, entonces no tendremos mucha razón para apoyar el secuestro. Por otra parte, si no atinamos a señalar que son malos, la oposición también se disuelve en el absurdo. El asunto, por tanto, es señalar cómo son esa suficiencia anímica o ese cambio posible, ciñéndonos al de los jóvenes que actualmente tienen secuestrado el auditorio Justo Sierra; creo que pueden ser señalados cuando se compara con otro intento de cambio: el que vivió y pensó Daniel Cosío Villegas.


Pensando en su juventud, don Daniel reconoció que él, como su generación, hombres a veces tan disímiles a veces tan afines como Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano y Alfonso Caso, fue poseído por la ilusión revolucionaria de que podía hacer algo por el país. Bajo tal influjo entregó su juventud a la construcción del México postrevolucionario trabajando directamente en el gobierno y creando y consolidando instituciones necesarias para el fortalecimiento estatal. A los 26 años recibió de un hombre sabio un oráculo que, para su suerte y la del país, cambiaría su modo de entender y llevar la vida por completo: “se sirve mejor al país con la pluma que con la pala”. Años más tarde, encargado de la pluma y liberado de la pala, en un certero ensayo, intitulado El intelectual mexicano y la política, analizó las características del medio intelectual, incluyendo, por supuesto, las peculiaridades de la Universidad Nacional. Ahí señaló: “sin buscarlo ni quererlo, la Universidad Nacional ha acabado por desempeñar la función necesaria y nobilísima de permitir a un grupo de hombres pensar y expresarse con independencia del gobierno, hecho que por desgracia no garantiza que tal pensamiento y semejante expresión sean inteligentes, justos y desinteresados. Por la misma razón, la Universidad, sin buscarlo ni entenderlo siquiera, se ha convertido en una tierra política de nadie en la que todos meten la mano. Por ambas circunstancias, la Universidad no ha logrado hasta ahora ser una Casa de Estudios; es, en cambio, una olla política de grillos”. Para concluir afirmando: “Así tiene por delante la más hermosa tarea que pueda ofrecérsele a un intelectual: transformar el medio en que por ahora está condenado a vivir para hacerlo propicio a una acción política realmente inteligente”. O dicho de otro modo: el único modo en que se puede modificar para bien la vida política de un país es actuando con inteligencia, lo cual significa abandonar los asideros dogmáticos de las ideologías y entregarse, al modo de Cosío Villegas, a la autocrítica, que es el único modo de acción inteligente.


Por el contrario, los jóvenes que mantienen secuestrado el auditorio Justo Sierra se abotargan en su cerrazón ideológica declarando que ni hay diálogo posible ni tienen nada qué negociar, y sólo se atreven a afirmarlo porque en el fondo desconocen a los otros, porque se aferran a sus propias palabras sin llevarlas a juicio, porque se niegan a la autocrítica; y así, nos permiten ver a quienes los juzgamos, comparándolos con las ideas de don Daniel Cosío Villegas, la bondad o maldad de sus afanes, la inteligencia o estupidez de sus acciones.